Se conmemora cada año el 30 de marzo desde 1988 dedicado a la participación femenina en el trabajo de los hogares. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) dedica un espacio en su agenda internacional para visibilizar la problemática y logar condiciones justas para las trabajadoras.
El trabajo doméstico consiste en el trabajo realizado en un hogar y para él, incluidos las tareas domésticas, el cuidado de los niños y otros cuidados personales.
La mayor parte de la sociedad no considera este tipo de empleo como una ocupación «real», si no como actividades «normales» de las mujeres.
Si bien el trabajo remunerado en el hogar es una fuente de empleo fundamental para las mujeres, las trabajadoras domésticas remuneradas enfrentan condiciones laborales sumamente desiguales en términos de salario, jornada de trabajo y prestaciones sociales; por la ausencia de normas que garanticen sus derechos.
En México el 92% de trabajadores son mujeres, con edades de 15-29 años, realizando este trabajo sin un contrato escrito que especifique sus actividades.
La discriminación para los trabajadores del hogar son recurrentes, los principales actos denunciados suceden en el ámbito laborar por su condición social y económica.
En febrero del 2016 quedó legalmente constituido el primer sindicato de trabajadores y trabajadoras del hogar, el documento establece claramente derechos y obligaciones: acceso a seguridad social, salario con base en horas laboradas, vacaciones y aguinaldo.
