La herencia que dejó el esposo de la reina Isabel II es una modesta cantidad, debido al pasado de su familia tubo un patrimonio personal hasta casarse con la reina.
Las pocas joyas que su familia logró sacar de Grecia durante el exilio, se usaron de regalo de compromiso, por lo que el consorte de la reina murió con una fortuna cercana a los 12 millones de euros.
La fortuna del duque no se compara ni a un año de ingresos de la reina Isabel, la cual es su heredera.
Por tradición los royals británicos acostumbran dejar todo a la persona más cercana y el heredero reparte el resto a la familia.
Esta «tradición» es en realidad una estrategia para evitar el pago de impuestos, que a una persona normal le significaría el pago de 36 y 40% de la fortuna.
