Cerca de 90% de la población rural ya vive a menos de una hora de algún centro urbano, por lo menos de una ciudad pequeña. Es cada vez más evidente que las ciudades pequeñas (y aún las llamadas «medianas pequeñas») cumplen un papel de mediación entre los pueblos, la población dispersa, las ciudades medianas y también las grandes.
Esto tiene serias implicaciones para el diseño de políticas públicas territoriales de crecimiento y desarrollo. Algunas de las instituciones fundamentales del medio rural del siglo xx ya no son vigentes o funcionales para el México contemporáneo, como las de tenencia de la tierra, las formas estatales o gubernamentales de coordinación y la gobernanza para el medio rural y el sector primario de la economía.
Más de la mitad de la tierra en México se organiza formalmente en ejidos: nada menos que 105 millones de hectáreas, en poco más de 30 mil ejidos, pero estos han perdido fuerza y representatividad. Debemos atender con sentido de urgencia nuevas formas de gobernanza y vinculación del Estado y los habitantes del medio rural y reformar la estructura funcional de los ejidos, para impulsar el desarrollo sustentable de la sociedad rural,
El ejido debe revitalizarse para democratizarse, para ser sujetos de las asociaciones instituidas en la Ley Agraria y para que, a partir de la acción colectiva, puedan recibir y administrar bienes públicos, entre otras cosas. La democratización es indispensable para que los intereses legítimos de los dueños de las unidades de producción que lo integran puedan hacer valer sus derechos y ser tomados plenamente en cuenta.
Sobre todo, el comisariado, la figura que debe democratizarse, renovarse en el poder periódicamente y ser capaz de rendir cuentas de modo transparente.
Es necesario evitar que el comisariado En una visión actual, el comisariado debe ser una instancia de apoyo al conjunto; a lo sumo, una instancia de coordinación cuando sea necesario, una figura de gestión de las tareas de conjunto y de gestión de los bienes públicos ante las autoridades, que facilite la acción colectiva y vele por sus territorios, por el patrimonio ejidal, sus recursos naturales y biodiversidad.
